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REIVINDICAR LA TRISTEZA

Sí parceros, así tal cual, hoy quiero reivindicar la tristeza, algo que me viene rondando en la cabeza desde hace muchos días porque resulta que con todo esto que estamos viviendo algunas personas están atravesando por periodos de tristeza que los ha hecho preguntarse qué está pasando con ellos para sentirse así cuando el llamado de hoy es a vivir en un estado de plenitud y dicha permanente.

Estamos en la época de la búsqueda insaciable de la felicidad. Vemos que todo el mundo se divierte, sonríe, disfruta de la vida, se dedican a hacer lo que aman, tienen familias perfectas, hijos maravillosos, vidas espléndidas… menos nosotros.

¿Qué hijuepuchas estamos haciendo mal? ¿Por qué no logramos la vida que queremos? ¿Estamos pagando alguna verraca deuda del pasado? ¿Somos defectuosos? ¿No somos lo suficientemente capaces para alcanzar nuestros sueños? ¿Será el karma? ¿Por qué a mí?

Danny, ¿vos querés reivindicar la tristeza? ¿Estás bien?

Sí parceros, todo bien por este lado, pero no puedo dejar de echarle cabeza a lo que pasa más allá de la puerta de mi casa o de mi vida.

Precisamente yo, que hablo de ser feliz y de lo bacana que es la vida tengo la responsabilidad de hablar sobre la otra cara de la moneda, hablar sobre la triteza.

Reinvindicar la tristeza

Y es que en los últimos tiempos libros, artículos, conferencias, terapias, películas, podcast, expertos, psicólogos, sociólogos, influencers y youtubers andamos hablando de la felicidad y compartimos experiencias y consejos para alcanzar la plenitud del cielo en vida…

Pero, más allá de esas experiencias personales puntuales existe mucha gente que no está viviendo lo mismo y que se pregunta por qué a todos les funciona menos a mí…Ayayaya.

Si todos son felices menos yo, debo estar defectuoso

¿Qué nos pasa entonces? ¿Por qué no somos capaces de lograrlo a pesar de seguir todas las pautas y recomendaciones? ¿Por qué, aunque debería sentirme agradecido con la vida que tengo, de repente me siento triste, deprimido, aburrido?… ¿Seré desagradecido? ¿Sufriré de depresión?

Estas y muchas preguntas más en torno a la anhelada felicidad me hacen a diario algunos de ustedes, mis amigos y personas cercanas. Cada uno creyendo que está solo en el mundo y que es el único “defectuoso” que no ha podido lograr lo que todos, aparentemente, ya tienen.

Reivindicar la tristeza y reconocerla

Y pensar que todos están experimentando el mismo sentimiento, viendo cómo otros, en sus redes sociales, en las fiestas, en la universidad, en el colegio de los hijos, en el barrio y en la oficina están felices, se les nota en la cara, irradian plenitud, menos nosotros.

Si supieran que mucha gente está pasando por lo mismo, solo que nadie se atreve a compartir su tristeza porque no está de moda tener una vida normal, corriente y sin emociones extremas, entonces, decidimos que lo mejor es negar lo que sentimos y seguir aparentando ante los demás… por eso es necesario reivindicar la tristeza y darle el valor que merece.

Pero a todas estas, qué significa tener una vida feliz

La medida de la felicidad, así como la del éxito, la riqueza, el bienestar y muchas cosas más, es algo absolutamente personal, subjetivo y ligado al nivel de conciencia de cada cual.

Hay que partir de esto antes de pretender alcanzar nuestra propia felicidad anhelando la vida perfecta que tiene mi vecino. Para muchos, felicidad es formar una familia y tener hijos; para otros, lograr la independencia y libertad económica para hacer lo que le plazca sin depender de nadie.

Reivindicar la tristeza, el concepto de felicidad no es el mismo para todos

Esto es algo que hemos olvidado. Nos han hecho pensar que felicidad solo hay una y que se alcanza al conseguir algunos trofeos como una carrera profesional, una pareja estable, unos hijos, el carro, la casa, los viajes, el verraco cuerpo perfecto.

Y es que ome, recibimos este tipo de información sin analizar lo que hay más allá de eso, por ejemplo, la necesidad de meternos en la carrera de ratas para que sigamos y sigamos consumiendo.

Para hacernos dependientes del dinero y, en consecuencia, ser dependientes del trabajo que nos llena de tristeza, pero que nos garantiza los recursos para comprar el carro y costearnos las vacaciones de los sueños que nos prometen la dichosa felicidad.

Menchito, pero nadie quiere a la tristeza en su vida

No, claro que no, pero la tristeza es una emoción natural, real y fundamental del ser humano parceros y si nos empeñamos en evitar que haga parte de nuestra vida y no la reconocemos, lo que hacemos es crear una falsa ilusión de felicidad.

Aaaaaaayyyy, entonces logramos una felicidad prefabricada y de publicidad, aquella que nos venden para que nosotros anhelemos alcanzarla comprando lo que, aparentemente, nos permitirá llegar a la cima de la plenitud de la vida.

Es mejor una tristeza auténtica que una felicidad fingida

Parceros y parceras, y es que la idea de felicidad que tenemos hoy equivale a la ausencia de tristeza, de problemas, de días grises. Si queremos ser felices debemos pasar el 99,999 % de los 365 días del año con una sonrisa de joker marcada en la cara ome.

Pues déjenme bajarlos de una vez de esa nube y decirles que felicidad así no existe, es imposible tener una vida de cuento de hadas y, de llegar a tenerla, no sería garantía para ser feliz porque algo fundamental para sentir felicidad es el contraste, es decir, que son la tristeza no seríamos conscientes de nuestra felicidad, o viceversa.

Solo sabemos qué es la felicidad cuando experimentamos la tristeza

Creemos que la felicidad nace de una vida sin conflicto, pero es todo lo contrario. Cuando superamos un miedo, solucionamos un problema, nos recuperamos de una enfermedad, tenemos un día tranquilo después de una hijuepucha semana agitada es cuando nuestro cuerpo y nuestra mente experimentan dicha y plenitud.

En estos días de confinamiento por el coronavirus hemos aprendido a valorar la posibilidad que teníamos de salir a la calle a la hora que quisiéramos. Antes era algo absolutamente normal y rutinario… Ahora somos felices de poder salir a la esquina, así sea un rato nada más, para tomar el sol y ver gente caminando. Pequeños placeres que antes desconocíamos.

Reivindicar la tristeza en nuestras vidas

Parceras y parceros, otro aspecto de la felicidad es que tiene un punto de saturación. Yo, por ejemplo, soy un apasionado de los viajes y si estoy mucho tiempo en mi casa empieza a picarme todo y no veo la hora de hacer maleta de nuevo. Sin embargo, hay momentos, durante mis largas travesías, en las que anhelo dormir en mi casa, volver a mi espacio, regresar a mi hogar.

Entonces, cuando al fin regreso, no siento tristeza de dejar esos lugares maravillosos porque la alegría de recuperar aquello que extrañaba me alienta a volver a la normalidad de mi rutina casera. Y luego, vuelve el ciclo, jejjeje… Me aburro de mi casa y empiezo a soñar con nuevos destinos…

Así son las emociones, la felicidad, la tristeza, el miedo, la dicha… Todo pasa, todo es cíclico, nada permanece, nada es eterno ni absoluto.

Además, ¿qué pasa si estoy triste?

Más allá de decir que para ser felices se necesita la tristeza es pensar qué tiene de malo estar triste, por qué tenemos que hacer todo lo posible por evitar aquellas emociones que hemos catalogado de “malas” como el miedo, la tristeza, el aburrimiento, la nostalgia.

Siempre nos tenemos que ir a los extremos, algo es bueno o es malo, sin contemplar la infinidad de matices que hay y que hacen parte natural de la existencia. Nos han enseñado a negar las emociones, a reprimirlas, a ignorarlas, a enterrarlas.

Reivindicar la tristeza en nuestra vida

El tema es que cuando buscamos a toda costa sentir alegría y nos obligamos a mantenernos positivos, negamos la existencia del problema que nos perturba, y cuando no hay aceptación, no vemos las oportunidades que tenemos de resolverlo y, tarde o temprano, sale de nuevo a flote hasta el día en que seamos capaces de reconocerlo y de darle su lugar para después, ahí sí, sentir el orgullo, la emoción y la dicha de haberlo superado.

Parceros, debemos aprender a reconocer aquellas emociones que calificamos de negativas, aceptarlas y autogestionarlas; identificar cuándo llegan, qué las detona; respetar su presencia y darles su lugar en nuestra vida sin irnos a los extremos, es decir, sin buscar de forma desesperada motivos para volver a ser felices y sin pensar tampoco que es el fin del mundo y que estamos hundidos en un fango lúgubre y denso… menos drama queen, por favor.

La tristeza ha sido la gran musa de muchos artistas

Y es que pillen, aunque puede parecer un cliché, es cierto que algunos escritores, pintores, artistas han logrado sus más grandes obras cuando atraviesan por procesos de profundo dolor porque se sienten más vulnerables, más cercanos a la fragilidad de la vida y más sensibles ante lo que perciben como su realidad.

Entonces parceros, disfruten de estos periodos de tristeza, acéptenlos como parte natural de la vida, no como un error, un defecto o un daño en la matrix. Identifiquen qué los lastima, qué hace que la felicidad se vaya de sus vidas, por qué una palabra o la actitud de alguien logra arrebatarles la felicidad.

Reivindicar la tristeza, la musa de muchos artistas

De pronto terminan dándose cuenta de que le están entregándole su dicha a alguien, o que están poniendo el sentido de su existencia en algo externo. O quizá les hace daño relacionarse con ciertos personajes o estar en algunos lugares.

Si es así, entonces miren a ver qué pueden hacer para evitarlo, cómo pueden fortalecer el amor propio, la seguridad y autoestima para saber poner límites y evitar depender de algo que está fuera de ustedes y que no pueden controlar. La gran pregunta es qué decisiones deben tomar.

Danny, pero mientras todos ríen uno se siente en la mismísima [email protected]#$%&

Parceros, no se dejen engañar por la moda de la vida plena, perfecta y feliz. Es obvio que nadie va a publicar en redes sociales fotos tristes, de la casa desordenada, de los hijos haciendo berrinche, de una discusión de pareja, sería un poco extraño e incómodo (anquen no faltará el que lo haga).

Entiendo que ver esas caras sonrientes preciso en el verraco día en que uno está llevado del carajo hace que uno se sienta peor de lo que ya estaba y refuerce la idea de que algo está haciendo mal.

Pero todos experimentamos las mismas emociones, es inevitable. Está en nosotros tener el criterio suficiente y la claridad para diferenciar la realidad de lo que aparenta ser real. Dejar de medir nuestra vida con base en la vida de los demás.

Recuerden, cada quién tiene estándares, metas, propósitos e ideas muy personales de lo que significa el éxito y la felicidad. Hay personas dispuestas a sacrificar una vida de pareja por ir tras su sueño profesional; otros prefieren tener una vida laboral normal, sin mayores reconocimientos, pero disfrutar de tiempo libre para ellos; otros simplemente son felices con cosas sencillas que para otros pueden ser sinónimo de fracaso o mediocridad.

Por eso parceros, antes de juzgar a alguien o de opinar sobre su vida recuerden que cada quien, en su cuento, y cada cual, con su mundo. Mi felicidad no tiene que ser la de él, su felicidad no tiene que ser la mía.

Todo cambia, nada permanece. Lo que me hace feliz hoy, puede no importarme mañana

Así es parceros. Lo que me hace feliz hoy tal vez no tenga nada que ver con lo que me hará feliz en unos años. Mi idea de éxito de hoy podrá ser totalmente contradictoria con la de mi futuro yo. Y es que no somos estáticos. Vamos cambiando con las experiencias que vivimos, con los libros que leemos, con el conocimiento que adquirimos, con las personas que conocemos.

Abracemos todas nuestras facetas, la faceta feliz, la encantadora, la del alma de la fiesta… y la faceta menos apta para redes sociales, jjejejeje. Sentir tristeza no significa que están enfermos, defectuosos, que son desagradecidos o inconformes. No le echen más leña al fuego de su emoción.

Vayan por partes. Saluden a la tristeza, denle la bienvenida, siéntanla en sus cuerpos, identifiquen dónde se aloja, si en el corazón, en el estómago, en la espalda, en la cabeza. Acéptenla como parte de ustedes, como la unidad que son, que somos.

Respeten lo que sienten, dense el espacio, no sé si se han dado cuenta que ustedes son humanos. Hay que sentir la tristeza. Eso no es resignarse ni echarse a la pena. Eso es lo que los expertos llaman una aceptación activa.

Menchito, qué podemos hacer para ser felices

Hay un psicólogo israelí llamado Tal Ben-Shahar que ha dedicado gran parte de su vida a estudiar la felicidad y que dirige el Happiness Studies Academy, una plataforma virtual dedicada a enseñar la felicidad. Este personaje desde hace mucho tiempo lo sabe: la felicidad no es constante.

Asegura que la falta de educación emocional hace que cuando sentimos algo que tachamos de negativo, lo rechacemos. Esto, en lugar de ayudar hace que el sentimiento se intensifique y que el pánico se apodere de nosotros.

Para él, las expectativas cumplen un papel clave en todo esto. Por eso es tan poco sana la publicidad y el elogio que hoy le hacemos a la felicidad porque hacen pensar que lo corrector estar siempre felices, permanecer en la cresta de la ola de forma constante.

Obsesionarse con la búsqueda de la felicidad genera el efecto contrario, hace que nos sintamos más miserables y deprimidos. Nos hemos creado una idea de vida perfecta y andamos como locos tras ella.

Nunca es suficiente, siempre vamos a querer más y más, porque siempre va haber algo que nos promete ser mucho más felices de lo que hoy somos.

En el imaginario colectivo existe la idea de que tener más es sinónimo de felicidad y bienestar, mientras tener menos es carencia, fracaso, mediocridad. Qué confundidos estamos, ya lo decía hace muuuuchos años el viejo Sócrates: La felicidad no se encuentra en la búsqueda de más, sino en disfrutar con menos.

Así que parceros, yo no estoy aquí para darles consejos sobre cómo ser felices y tener una mente positiva las 24 horas del día. Yo vine a hacerle un elogio a la tristeza y reivindicarla. Lo único que pretendo es darle a esta emoción el lugar que merece en el mundo y en nuestra existencia.

Entonces, la próxima vez que sientan que la felicidad se les escapa y que los invade un sentimiento de desasosiego y tristeza, denle la bienvenida, ábranle un espacio en sus vidas, contémplela y permítanse sentir como los seres humanos que son.

Se les quiere felices… y tristes también.

Daniel Tirado / #NomadaDigital

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