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LA VIDA ES UN VIAJE PARCEROS

Parceros, de un tiempo para acá empecé a convencerme de una idea que para mí hoy es totalmente cierta: la vida es un viaje. Aclaro que es una conclusión personal, no tienen por qué compartirla, pero cada vez esta idea resuena más en mi cabeza y en mi vida.

Nosotros estamos de viaje en la tierra. Y no me refiero a la idea tradicional de que estamos de paso y que esto se va acabar en algún momento y que debemos vivir cada día como si fuera el último, algo con lo que también estoy de acuerdo…

Pero yo voy un poco más allá. Yo siento que de verdad nosotros venimos de otro lugar, no sé decirles si de otro planeta, de otra dimensión, de otro plano, no lo sé (no aún, jejjeje). El caso es que un día de animados y aventureros dijimos: “va pa esa, me voy de paseo a eso que llaman tierra para ver cómo es la vaina”.

La vida es un viaje: alistá pues la maleta que te vas de safari ome

Tomamos la decisión, elegimos el rol que queríamos de acuerdo con la experiencia que deseábamos vivir. Y así como se hace con cualquier viaje, alistamos todo lo que necesitábamos, solo que acá, en lugar de un vestido de baño, de las reservas de hotel, del seguro de vida, “empacamos” las vivencias, los momentos, los retos (o aventuras) en las que iba a estar enmarcado este paso por el plano terrenal.

Entonces parceros, hagan de cuenta que ustedes deciden viajar a un safari en África y son absolutamente prósperos y abundantes, es decir, no escatiman en gastos, se van con todos los juegues, con todo lo que ustedes decidan.

La vida es un viaje

Desde la comodidad de sus casas compran el tour para pasar una noche con una tribu nómada; alquilan el Jeep para adentrarse a la selva, programan una visita a las cataratas, otra para divisar animales salvajes en su hábitat y, como si fuera poco, compran los trajes tradicionales de la zona para volverse uno con los locales.

Llega el esperado día, aterrizan en el Aeropuerto Internacional de Windhoek Hosea Kutako de la capital de Namibia. Los reciben con alegría, todo el mundo hace fiesta y los llevan al hotel. Resulta que el hotel termina siendo muy agradable, tienen todas las comidas, una cama amplia y cómoda y la gente es muy amable.

El viaje de ustedes no tiene fecha límite, pueden quedarse lo que quieran. Entonces, como no hay afán, deciden pasar encerrados en el hotel un par de semanas mientras se aclimatan. Resulta que con el tiempo se van aburriendo un poco de la monotonía, pero están tan cómodos que les da algo de pereza abandonar el hotel para ir al safari. Entonces deciden aplazarlo, y aplazarlo y aplazarlo.

¿¿¿Safari??? Qué miedo, mejor me quedo en lo seguro

Con el tiempo, ya no solo les da pereza, sino que empiezan a sentir miedo. “Qué miedo salir a la calle y no encontrar una comida tan buena como la del hotel; qué susto perderse, qué angustia no hablar el idioma, qué ansiedad ir al safari y que se lo coma un león; qué riesgo las cataratas; qué peligro que me roben”.

Deciden apostar a lo seguro, no salir del hotel. No importa que ya se conozcan el menú, que se lleven un poco mal con el botones, que les haga falta conocer nuevas personas. No importa, por lo menos tienen garantizada la comida y el techo.

Un día finalmente toman la decisión de regresar a su país y cuando vuelven todos los amigos los están esperando para que les compartas las experiencias; para ver las fotos, para que les des consejos de viajero experto, en fin, para que les cuentes tu experiencia en esta maravillosa y soñada aventura.

Parcero, cómo te fue en África, contá pues

Entonces qué parcero, ¿viste muchos leones o qué? ¿Qué tal es convivir con los nativos? ¿Aprendiste alguna palabra especial? ¿Qué sabores probaste? ¿Qué fue lo que más te gustó? ¿Cómo es la gente allá? ¿Hiciste todo lo que pensabas hacer? ¿Nos recomiendas viajar?

No hermano, pues es el que el hotel, aunque no era nada del otro mundo, tenía una cama cómoda. La comidita era pasable, a veces no tan rica, pero pues uno fijo tenía los tres golpes.

La vida es un viaje para disfrutar

La gente sí muy amable, pero pues como era un hotel casi todo el mundo era igual, no había nada novedoso. Pero parcero, prefería no salir ni hacer nada porque ¡qué peligro! Vaya uno y se lo trague un animal salvaje de esos, o le pique un bicho raro, o lo atrapen los caníbales y se lo mecateen.

No no no no, qué peligro parceros. Yo veía las noticias y eso decían que los animales de la selva estaban más salvajes que nunca ome. Que el sol estaba muy fuerte y que cuando llovía parecía que el cielo se fuera a partir en dos. Qué tal, mejor quedarse uno con lo seguro, así sea malito pero bueno, al menos uno tiene alguito…

Próxima parada: planeta Tierra

¿Qué pensarían ustedes de un amigo que tiene semejante privilegio y lo desperdicia de esa forma? Alguien que tiene la dicha de vivir la mágica y exclusiva experiencia de irse de safari al África con todos los juguetes y decide quedarse encerrado en el hotel por miedo.

Bueno, pues parceros, espero que me vayan entendiendo la idea… Así es el viaje de la vida, venimos a la tierra de paso, por voluntad propia, decidimos qué queremos vivir, cómo queremos que sea el papel que vamos a representar, qué experiencias quisiéramos probar.

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Entonces un día ¡pum!!, emprendemos el viaje y aterrizamos en este planeta. Todo el mundo hace fiesta, nos reciben con besos, abrazos, hacen hasta una reunión dizque baby shower desde antes de que lleguemos al mundo. Por fin, salimos a la luz y comienza nuestra aventura.

Nosotros tomamos la decisión de venir al viaje de la vida

En el camino vamos recibiendo información de todo tipo: buena, mala, optimista, negativa. Nos vamos creando una idea y vamos formando nuestra personalidad. Obviamente hemos olvidado que esto es un viaje que nosotros mismos elegimos y, a veces, hasta llegamos a pensar que es un castigo.

Nacemos, crecemos, nos desarrollamos y nos volvemos unos hombres y mujeres hechos y derechos que salimos al mundo a “sobrevivir”.

Encontramos un trabajo estable que no nos hace muy felices, pero que es como el hotel de nuestro amigo que se fue a África: no es bueno, hasta es aburrido, pero al menos me da para pagar el arriendo, darme mis gustos, mantener mi estilo de vida.

Entonces yo prefiero quedarme encerrado en este trabajo (hotel) porque qué miedo tomar riesgos, qué miedo renunciar, qué miedo sacar adelante mis sueños, qué miedo como está la economía, qué miedo como está el mundo, qué miedo como está el desempleo…

¿¿¿Vivir??? Qué miedo, mejor me quedo en lo seguro

Entonces, nos pasamos toda la vida “refugiados” en un hotel que puede ser el trabajo, la casa de nuestros padres, nuestra pareja, los amigos, el barrio. Preferimos quedarnos anclados a lo seguro, así no nos haga felices, porque el mundo está muy dañado, la vida está muy difícil, los leones son muy salvajes, los nativos son caníbales.

Al final, se acaba nuestro viaje y regresamos al plano (no tengo ni idea cuál sea) de donde vinimos y nos encontramos con los parceros: “Ey viejo, qué más, entonces qué, qué tal tu experiencia en la tierra, conociste muchos lugares, te bañaste en esos ríos tan bonitos que hay por allá, dejaste que te cayera agua del cielo, ¿cómo es que se llama?, eso, la lluvia. ¿Y dejaste que tu corazón amara a muchas personas? ¿Qué tal es eso de besar y de tomar la mano de otro ser humano? ¿Es tan lindo como dicen?”.

“Esto, pues… A ver, cómo te dijera, es que hermano, eso por allá sí es bueno, pero roban mucho, ¿sabes? Y lo de la lluvia sí, es muy bonito, pero a uno le puede dar una cosa terrible que se llama gripa. Y los ríos, no sé, eso como que no está bien visto para algunas personas… Yo me la pasé casi todo el viaje en una casa, rodeado de las mismas personas y trabajando siempre en un mismo lugar. No era la gran cosa, la verdad, y el que hacía de mi jefe era tremendo amargado, pero pues, tenía para pagar el carro, la casa, la ropa. Tú me entiendes…”.

No, yo no te entiendo parcero

Mucha gente se pasa la vida así, aferrados a las migajas por miedo a fracasar, a quedarse solos, a bajar de estrato, a no poder mantener su nivel de vida. Se vuelven esclavos de cosas que, contrario a lo que ellos creen, en lugar de enriquecerlos los empobrecen, hacen sus vidas más duras y miserables.

La vida es un viaje parceros, y cuando uno se va de viaje quiere comerse el destino que visita, saberlo todo, probarlo todo, sentarse en una banca a ver cómo camina la gente del lugar, cómo habla, cómo interactúa. Probar sus platos tradicionales, tomarse la bebida típica. Si vas a Italia, comes pizza, pasta y gelatos; si vas a Francia, unos macarrones y un buen vino; si vas a Argentina, quieres probar la mejor carne, a no ser que seas vegetariano que ese es otro cuento.

Nadie se va a París para quedarse encerrado en el hotel, por más bello que sea ese hotel. No importa si no sabes el idioma, te haces entender. Estando allá uno quiere patonearse todos los callejones, tocar las paredes, caminar descalzo en los parques, visitar los museos, así sea verlos por fuera, pero tratar de captar con tus sentidos lo que más se pueda para luego, cuando ya esté uno lejos, cerrar los ojos y revivir los olores, sentir la temperatura, revivir con todo tu cuerpo esos momentos inolvidables.

La vida es un viaje, no lo olviden nunca

Así es la vida parceros. Esto es UN VIAJE, literal. Por eso mismo estoy convencido de que cuando un deseo se nos mete a la cabeza y, sobre todo, al corazón, es porque antes de viajar planeamos vivir eso que hoy nos obsesiona.

Por ejemplo, si de un tiempo para acá has empezado a sentir un deseo inmenso por dedicarte a la cocina y empiezas a estudiar y a pasar más tiempo cocinando que haciendo otra cosa, es porque antes de salir de viaje lo planeaste y, entonces, tu itinerario energético te está diciendo: “Eyy, Danny, llegó el momento de dedicarte a la cocina, pilas pues, eso es lo que dice tu guía de viaje”.

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Parceros, no vinimos a sufrir ni a complicarnos la vida. Podemos tener momentos difíciles, etapas oscuras y temporadas densas, pero el panorama general de nuestra vida puede ser bueno, podemos vivir una buena vida…

Parcero, si estás aquí es porque así lo decidiste tú

Ponte a pensar qué es eso que en estos momentos te amarga la existencia. Cuál es la razón por la que no puedes decir ¡yo soy un ser afortunado y feliz!… ¿Es tu trabajo? ¿Y qué te amarra a tu trabajo, las deudas? ¿Y por qué tienes esas deudas? ¿Porque cambiaste el carro? ¿Qué pasó con el que tenías si era bueno y te servía? Ahhh, claro, no era el último modelo, era muy bajo perfil en comparación con el de mis amigos.

Entonces, lo que te amarra y te impide ser feliz realmente son las deudas o tu empleo, o es tu necesidad de encajar poniendo por encima de tu bienestar la opinión de los demás?

Si es eso tan simple (sí, sé que cuando uno está acostumbrado no es tan simple, pero cuando uno ya se ha liberado de todo eso puede darse cuenta de que, definitivamente, sí era algo muy simple), qué puedes hacer para liberarte.

Si lo que te amarga la vida y te impide ser feliz es sentirte mal con tu apariencia, ¿qué debes hacer? Mandarte a cambiar la cara, el color del pelo, las cejas, las pestañas, el cuerpo, las uñas, qué se yo, o ser conscientes de que no puedes vivir a expensas de lo que los demás determinen como “bonito” o “feo”, “bueno” o “malo”, que tienes un cuerpo y eso ya es todo un regalo.

Si la pareja que tienes en este momento te atormenta, te trata de una forma que sabes muy bien que no mereces, ¿qué puedes hacer? Seguir poniendo en sus manos tu felicidad y escudarte en esa persona para justificar la tristeza de tu vida, o tomar acción y acabar con esa relación que no te hace feliz.

La vida es un viaje, el mejor de todos

Parceros, la vida es una decisión que cada uno tomó. Es una experiencia que decidimos vivir. No sabemos de dónde venimos, pero estoy seguro, segurísimo, de que no vinimos a sufrir.

Que la fuerza poderosa que nos supera (sea Dios, el Universo, la energía divina, cómo ustedes lo sientan) no nos está castigando ni nos está juzgando. Esa fuerza divina es todo amor, un amor tan grande que nosotros no conocemos porque no sabemos amar así, pero es el amor más bonito que la cabeza de cada uno le permita imaginar.

Entonces, parceros, ¡paren de sufrir!, de verdad ome. Esto es una fiesta. Pon la música que a ti te gusta, baila al ritmo que a ti te solla, no escuches lo que les gusta a otros.

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Vive tu vida en coherencia con lo que tú eres, no tienes que demostrarle nada a nadie, solo ser feliz y ayudar, en la medida de las posibilidades, a que los demás también lo sean.

Parceros, el viaje a la tierra es el mejor viaje de todos los que he hecho.

Los quiero ome.

Daniel Tirado / #BeachMoney

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